Publicado: 9 de Octubre de 2013 a las 08:31


El Tai Jitsu de la escuela del maestro Rivera (José Luis Rivera, 6º Dan Renshi de Nihon Tai Jitsu) se caracteriza por no aportar nada nuevo al mundo de las artes marciales tradicionales o de autodefensa, muy al contrario pues en realidad lo que ha conseguido con su peculiar filosofía de entender la marcialidad es dar un salto atrás en el tiempo y ha devuelto al arte marcial su esencia, su razón de ser que no es otra que desarrollar en el discípulo, o practicante, el corazón del guerrero.

En los tiempos que corren no resulta fácil explicar este concepto pues la guerra, y sus nefastas consecuencias, está vinculada al abuso de poder, la codicia, la crueldad, la hipocresía, la mentira, el dolor y el sufrimiento sin límites, sin más motivo que el capricho de algún personaje poderoso. A simple vista parece improbable que nada bueno pueda salir de esto y que cualquier persona vinculada voluntariamente a ese esperpento que sólo los humanos podemos recrear ha de ser, irrefutablemente, malvado, irresponsable, idiota o tremendamente ingenuo, o, quizás, una justa mezcla de todo ello, y quizás por esto las artes marciales modernas han buscado y abusado del paraguas de la “actividad deportiva” en un intento de aparentar lo que no se es y escapar al natural repudio de la sociedad hacia la violencia. Lo que tanto unos como otros han olvidado es que a determinadas personas sólo se les puede parar con su propia medicina, ni más ni menos.

En este cambio de paradigma (ya no aprendemos a combatir contra el enemigo, ahora hacemos deporte…) ha provocado que durante todo el siglo XX muchas artes marciales hallan mutado tanto su esencia que se han convertido en meras artes coreográficas o en simples “deportes de contacto”, lo cual no es malo en sí mismo siempre que se llamen a las cosas por su nombre, el problema surge ahora que de nuevo entre la masa social está creciendo el interés por la defensa personal y, de pronto, como saliendo de un armario mágico, aparecen multitud de “sistemas” e instructores “especialistas” en defensa personal. ¿Qué tienen estos deportistas para combatir la maldad del hombre?¿Con qué técnica o coreografía se enfrenta una mujer a tres violadores? Por cierto ¿la violación en grupo es especialidad olímpica…? ¡No recuerdo la última competición en la que tres encapuchados intentaban apuñalar y robar a un señor de 40 años! ¿Cómo se llamaba ese deporte…?

En serio, ¿cómo puede un deportista hablar de defensa personal con responsabilidad? La defensa personal es la respuesta de autoprotección física frente a agresores (raramente en la violencia real las peleas son un uno contra uno) motivados por la consecución de un objetivo material (delitos contra el patrimonio) o por la destrucción de su víctima (delitos contra las personas) ¿Qué tiene esto que ver con un deporte?

Hasta hoy el Nihon Tai Jitsu nunca ha renegado de su esencia de arte marcial, o sea, de arte de guerra, y el Tai Jitsu del Maestro Rivera menos aún, pues gran parte de su contribución al mundo de la defensa personal se basa en que busca infatigablemente el fallo en la técnica y la debilidad de la táctica de manera que acaba “destilando” la mejor ejecución posible de ambas, son las mismas técnicas ancestrales del Jiu Jitsu o del Aiki Jitsu pero sometidas a un duro examen de aplicabilidad en el mundo del siglo XXI, ya no llevamos armadura, ya no nos batimos con sables ni disparamos flechas desde lo alto del caballo…algo tiene que haber cambiado desde entonces.

El Nihon Tai Jitsu sigue siendo un arte marcial en el que los practicantes debemos aprender a despojarnos de nuestros miedos, complejos y vicios como la autocomplacencia, el autoengaño y la soberbia si deseamos progresar. Es imposible crecer en este arte marcial si no es conquistando nuevas y mejores cotas de eficacia personal, lo que a su vez se consigue con la introspección (autoconocimiento) y el perfeccionamiento de nuestro carácter. El Taijitsuka debe adquirir grandes dosis de valor para reconocer sus defectos y limitaciones, tanto las físicas como las psicológicas, para, a partir de ellas y mediante el entrenamiento sabiamente dirigido, convertirlas en virtudes y fortaleza física y, sobre todo, en fortaleza moral. ¿Cómo vas a derrotar a un enemigo si no eres capaz de conquistarte a ti mismo? ¿Cómo vas a conseguir el respeto de otros si no te respetas tu mismo?

Por otra parte, la capacidad de autodefensa tiene mucho que ver con nuestro autoconcepto, como nos vemos a nosotros mismos o la descripción que cada uno de nosotros hace de si mismo y de su relación con el mundo. En este punto no todas las personas son conscientes de la necesidad de aprender y aceptar la responsabilidad de vivir en un entorno en el que el mal y los malvados existen (puede que incluso en nuestro interior, por no mirar más lejos), y es que, por desgracia, si uno no cuida de sí mismo alguien aparecerá (más pronto que tarde) y se aprovechará de él física o psicológicamente y entonces el daño ya estará hecho. Esto que a priori parece una definición catastrofista del mundo no es más que la cruda realidad pero, sin embargo, aceptarlo y prepararse para ello hace que podamos disfrutar más y mejor de la vida al reducir significativamente nuestra sensación de vulnerabilidad pues, aunque sabemos que nadie está exento de problemas, resulta gratificante pensar que uno estará a la altura de las circunstancias.